sábado, 20 de agosto de 2011
LA TOMATERA DE TOMÁS GÓMEZ

En los primeros compases de esta industria, cuando aun no contaban con máquinas para sacar el jugo del tomate y que entrase el mayor número de piezas, se valían de un útil de madera redondo del tamaño del bote, que apretando el producto hacía salir el líquido de tal forma que en un bote de cinco kg cabían 15 o 20 tomates. Más unidades que las que hoy se pueden encontrar en un bote de estas o similares características. “La Tomatera” siguió haciendo sus envases de forma artesanal, aunque tuvo maquinaria para distintos procesos: troquel, grapadora, cortadora, enrolladora, engomadora y la que ponía las tapas al bote. Las medidas de los botes que estaban a la venta eran: octavo, cuarto, medio, uno, tres y cinco kilos.
A comienzos de 1910 Tomás Gómez Hervás, quien era Teniente de Alcalde desde finales del siglo anterior, montó en Aranjuez la primera industria de conservas y envases de hoja de lata que se compraba en Bilbao. Estuvo ubicada en principio en la esquina formada por las calles de la Rosa y Carrera de Andalucía. Posteriormente compró una finca con el fin de expandir la industria en las calles Stuart, Heras, Postas y Calandria. Cuando a un ribereño le preguntaban donde iba a trabajar, éste respondía: A “La Tomatera”. De ahí que se la conociese por ese nombre.
La plantilla estaba compuesta de ciento cincuenta personas. Las mujeres haciendo envases, seleccionando y pelando el fruto, y los hombres con las jaulas y maquinaria para diversas cosas. La jornada laboral comenzaba a las 6 de la mañana hasta las 12 de la noche con varios turnos. Los jornales antes de la guerra estaban en torno a 2,50 o 3 pesetas, cuando un bote de medio kilo de tomate en conserva costaba al ama de casa un real. Eran tiempos de bonanza en el campo y los carros eran tirados por mulas llenos de banastas o cajones de madera con el fruto desde la huerta de Aranjuez, San Martín de la Vega, Ciempozuelos y otras poblaciones de la Comarca; llegaban muy de madrugada a la fábrica.

El proceso de conserva del producto era el siguiente: recepcionado por el propietario el género en el carro, se iniciaba el pesaje en la báscula existente en el patio de la industria. A continuación se descargaban y pasaban las banastas al interior de la fábrica, para que una cuadrilla de mujeres comenzase la tarea de selección del producto, dejando el “pintón” para otro día, apartaban lo deteriorado, y escogían lo maduro que debía ser trabajado ese día. El producto era metido en jaulas metálicas medianas y éstas a su vez en agua hirviendo para escaldarlo, tras escasos minutos se sacaba y se pasaba a las mesas de las trabajadoras para pelarlo. Seguidamente se mandaba a la empaquetadora o sección de envasado, es decir, al llenado de los botes; antes ya se había trabajado una partida de botes de hoja de lata del tamaño que se iba a envasar; después los botes pasaban a la máquina de cerrado, se llenaban las jaulas de un tamaño más grande y se introducían al baño María. Una vez terminado este proceso los botes calientes aun iban al almacén donde se apilaban. Pasado un tiempo, y según la demanda de ventas, se etiquetaban los botes y se metían en las cajas de madera con tapa clavada (después de cartón), para su envío al comprador.
Esta fábrica hizo conserva de tomate, pimiento morrón, espárrago, alcachofa, judía verde, pera de agua en almíbar, melocotón, mermeladas, fritada de pisto con escabeche o pisto solo, es decir, pimiento y tomate, y más productos de forma natural, sin aditivos ni conservantes. También hizo en conserva el pollo y el foie-gras trufado, así como la perdiz y el conejo, caza que provenía de “La Flamenca”, Casa del Duque de Fernán Núñez.
Era habitual en aquellos días en las casas cocinar para la familia, hacer una tortilla y abrir una lata de pisto de “La Tomatera”, y toda la familia comía. El producto del campo ribereño era extraordinario, podía darse el caso de que saliesen espárragos de un tamaño fuera de lo común, envasándose de forma simbólica en una lata tres espárragos “pericos” blancos de un tamaño formidable. “La Tomatera”, importante industria en el tejido económico y social del pueblo ribereño y comarca, cerraba sus puertas en 1974.
José Luis Lindo Martínez
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